
Sobre Janizbel Ferrera
Coach financiera certificada. De Colón, Panamá. Trabajo las raíces emocionales y de mentalidad que hay detrás de por qué gastamos y por qué nos endeudamos.
Mi historia: ¿por qué decidí ser coach financiera?
Mi camino como coach financiera empezó con una pregunta bastante sencilla, pero que terminó cambiando completamente mi manera de ver el dinero: ¿por qué, si estoy ganando más dinero, siento que igual no me alcanza?
Hubo un momento en mi vida en el que ganaba alrededor de $1,000 y me gastaba los $1,000. Después empecé a ganar $2,000 y me gastaba los $2,000. Y lo más interesante es que yo sentía que estaba haciendo las cosas bien porque estaba trabajando más, estaba generando más ingresos y hasta estaba reinvirtiendo en mi negocio. Pero cuando miro hacia atrás, también estaba gastando muchísimo en Ubers, cafés, gastos hormiga y un montón de pequeñas cosas que, individualmente, parecían insignificantes.
El problema era que cada vez que aumentaban mis ingresos, también aumentaba mi estilo de vida. En lugar de ahorrar más, gastaba más. Y ni siquiera tenía un presupuesto. No tenía una estructura. No tenía un sistema. Simplemente estaba ganando dinero y gastándolo.
Hasta que alguien me dijo algo que, aunque parece muy sencillo, para mí fue un antes y un después: empieza a apuntar todos tus gastos. Y cuando empecé a hacerlo, pude ver algo que antes no quería o no sabía ver: el problema no era solamente cuánto dinero estaba ganando. El problema también estaba en lo que estaba haciendo con el dinero que ya tenía.
Puedes seguir aumentando tus ingresos sin construir absolutamente nada.
Ahí empecé a entender que tener buenos ingresos no necesariamente significa tener buenas finanzas. Porque puedes ganar $1,000 y gastarte $1,000. Puedes ganar $2,000 y gastarte $2,000.
Fue ahí cuando empecé a tomarme mis finanzas mucho más en serio. Comencé a leer libros de finanzas personales, a consumir educación financiera, a apuntar mis gastos y, sobre todo, a experimentar. Probé diferentes métodos, cometí errores, hice ajustes y fui descubriendo qué funcionaba realmente para mí.
Y ese proceso de ensayo y error me enseñó algo que hoy es una de las razones por las que hago lo que hago: aprender por tu cuenta puede funcionar, pero también puede hacer que tardes muchísimo más en llegar al resultado. A veces no necesitas seguir probando diez cosas diferentes. Necesitas que alguien pueda mirar tu situación y decirte: esto es lo que está fallando, esto es lo que tienes que ordenar primero, y este es el siguiente paso.
De las charlas a la certificación
Mientras yo estaba aprendiendo todo esto, también comencé a dar charlas de finanzas personales. Y ahí ocurrió otra cosa importante. Empecé a ver que yo no era la única persona que necesitaba esta información. En esas charlas escuchaba a personas decir: esto es justo lo que necesitaba, o por qué nadie nos enseña esto, o simplemente reconocer que tenían los mismos problemas que yo había tenido.
Y empecé a entender que existía una necesidad enorme. Porque en la universidad nos enseñan administración, contabilidad, finanzas empresariales, finanzas bancarias y muchísimas cosas relacionadas con el dinero. Pero, ¿dónde nos enseñan a manejar nuestro propio dinero? ¿Dónde aprendemos a construir un presupuesto? ¿A organizar nuestros ingresos? ¿A salir de deudas? ¿A tomar decisiones de consumo? ¿A crear estabilidad? ¿A entender nuestra relación emocional con el dinero?
Yo quería que esto fuera algo más formal. No quería simplemente ser la persona que leyó algunos libros de finanzas y ahora da consejos. Quería tener una preparación específica para acompañar a otras personas en ese proceso. Y por eso decidí certificarme como coach financiera.
Por qué uno lo financiero con lo mental y lo espiritual
Con el tiempo entendí que ser coach financiera no se trataba únicamente de enseñar números. Porque puedes darle a una persona el mejor presupuesto del mundo, la mejor estrategia para pagar sus deudas o la mejor hoja de cálculo, pero si no trabajas lo que hay detrás de sus decisiones, probablemente va a volver a repetir los mismos patrones.
Por eso mi manera de trabajar une la parte financiera con la parte mental y, para mí, también espiritual. Porque muchas veces el problema no es que una persona no sepa sumar o restar. El problema es que compra para sentirse mejor. Que gasta para demostrar algo. Que tiene miedo de mirar sus cuentas. Que utiliza el dinero para llenar vacíos. Que vive bajo presión. Que normalizó estar endeudada. Que cree que cuando gane más finalmente va a estar bien. Y si no trabajamos esas raíces, podemos enseñarles cien técnicas financieras y aun así van a volver al mismo lugar.
Por qué hago esto
Porque yo quiero que las familias sean más prósperas. Y para mí, prosperidad no significa simplemente ganar más dinero. Significa aprender qué hacer con el dinero que tienes, construir estabilidad, tomar mejores decisiones y conseguir que el dinero se convierta en una herramienta para construir la vida que quieres.
Porque una persona que vive constantemente en ansiedad, estrés y desesperación por sus deudas difícilmente tiene la capacidad de pensar en cómo ayudar a otros, crear un negocio, invertir, donar, apoyar a su familia o construir algo que trascienda. Yo quiero que las personas puedan llegar a un punto en el que su dinero trabaje a favor de su vida y no que su vida termine girando alrededor del dinero. Y esa es también la razón por la que quiero llevar este mensaje mucho más allá de Panamá.
De dónde vengo
Hay una parte de mi historia que tampoco puedo dejar fuera: de dónde vengo. Soy de Colón, Panamá. Y crecer en Colón también forma parte de la mujer que soy hoy. De mi familia aprendí muchísimo sobre la unidad, la solidaridad y el apoyarnos unos a otros. Aprendí que cuando uno de los nuestros necesita ayuda, estamos ahí. Y creo que eso también se refleja en lo que hago hoy.
Porque yo no veo la educación financiera solamente como una herramienta individual. Creo que cuando una persona aprende a manejar mejor su dinero, eso puede transformar a toda una familia. Y cuando transformas una familia, puedes terminar impactando una comunidad.
También soy una mujer que valora muchísimo su independencia. Para mí es importante saber que puedo tomar mis propias decisiones y construir mi propia vida. Nunca he querido que mi estabilidad dependa de que otra persona decida qué puedo hacer, qué puedo tener o hacia dónde puedo ir. Y justamente por eso creo tanto en la educación financiera. Porque tener control sobre tu dinero también te da capacidad de decisión.
Hoy, después de todo ese camino, entiendo que mi historia empezó preguntándome por qué el dinero no me alcanzaba y terminó llevándome a una misión mucho más grande: ayudar a otras personas a dejar de vivir en piloto automático con su dinero, entender qué está pasando realmente con sus finanzas y construir estabilidad financiera.
Porque al final, no se trata solamente de cuánto dinero ganas. Se trata de qué haces con él, qué decisiones tomas y qué vida estás construyendo con ese dinero. Y ese es el trabajo que decidí hacer.
Que el dinero les sirva a las personas, y no que las personas terminen sirviéndole al dinero.

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